El miedo, la esperanza y la paciencia del sembrador

XV Domingo Ordinario (Mt 13,1-23)

12 de Julio de 2020

La parábola del sembrador describe una actividad cotidiana en el Israel de la época de Jesús. La siembra tenía lugar cuando llegaban las lluvias en otoño (por noviembre o diciembre) y la cosecha venía algunos meses después (en abril o mayo). Tal vez podemos sorprendernos al leer que el sembrador aventaba la semilla en el camino, en las rocas o en las espinas. Pareciera que es algo ridículo o irracional. ¿Por qué tanto desperdicio? 

Recordemos que en la antigüedad la técnica agrícola no estaba muy desarrollada y no se contaba con la maquinaria sofisticada que tenemos actualmente. En aquel tiempo, primero solía lanzarse la semilla sobre todo el terreno sin saber exactamente donde estaba el suelo bueno y fértil y sin poder adivinar donde estaba la roca porque en la superficie no se veía. Después, con herramienta muy simple se araba la tierra para que la semilla quedase enterrada. Luego se esperaba una buena lluvia para que la hiciera germinar y crecer. La parábola muestra que el sembrador vive de esperanza: cuando siembra, sabe perfectamente que en cualquier lugar del terreno hay una parte fértil que no lo desilusionará. Nosotros, ¿tenemos puesta la esperanza en la Divina Providencia?

Sembrar era una actividad indispensable para la sobrevivencia pues del éxito de la siembra dependía la vida del sembrador y la de su familia. Se sembraba para recoger el grano con que se prepararía el pan durante todo el año; también se debía tener en cuenta que era necesario almacenar una parte considerable para poder sembrar el año próximo. Con esto podemos entender que la gente del campo tenía miedo a no ver crecer el grano, a no verlo llegar a la madurez o a no recoger lo suficiente para poder comer hasta la cosecha del año siguiente. ¿Podemos ponernos en las manos de nuestro Señor aún con los miedos e inseguridades que sentimos? 

Para el sembrador, la paciencia es de suma importancia. El grano no germina de inmediato ni da fruto de un día para otro. El resultado del trabajo tardará en llegar. Por eso podemos decir que la parábola describe un proceso largo que supone también un logro importante después de superar una serie de dificultades y fracasos iniciales. Como el sembrador, nosotros somos personas de espera. Casi siempre estamos esperando: esperamos el nacimiento de un bebé que está gestándose en el vientre materno; esperamos las lluvias para iniciar la temporada de siembra; esperamos a estar maduros como seres humanos para decidir lo que será de nuestra vida. En cosas tan cotidianas también esperamos: esperamos si vamos a consulta con el doctor, si vamos al trabajo esperamos en el tráfico, en la parada de autobús esperamos, incluso en este tiempo de pandemia esperamos en casa… ¿no será que este tiempo de esperar a que pase la pandemia sea como el grano de trigo que está esperando a germinar y a dar buen fruto? Cuando las condiciones de salubridad sean adecuadas para salir ¿qué tanto fruto daremos: treinta, sesenta o cien? ¿Cuáles son los fracasos y dificultades que debemos superar con entusiasmo los sembradores del siglo XXI?


P. Tony Escobedo, c.m.

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(P. Tony Escobedo c.m.)

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